domingo, 24 de octubre de 2010

LA FILOSOFÍA DEL AUTO CONSUMO


* El autoconsumo antítesis del consumismo.

* El bien común versus el interés privado.

* Inteligencia versus enajenación.

 
El “pensamiento moderno”, que no es otra cosa que las ideas que sustentan al capitalismo, nacido simbólicamente en 1776 con la creación de los Estados Unidos(1), y que comienza a contaminar y agredir a las milenarias civilizaciones y formas de organización social del planeta desde 1789, con la primera revolución burguesa del mundo en Francia(2) que fue promovida y financiada por los mercaderes.

 
Este modelo percibe al ser humano y a la naturaleza como objetos susceptibles de convertirse en “mercancías”. En tanto los seres humanos se puedan “explotar” mediante su “mano de obra” y la naturaleza sea fuente de riqueza a través de la depredación. Los dueños del dinero global, los mercaderes, por medio de “la democracia partidista”(3) puedan someter a los pueblos para que sean entregados como indefensas mercancías a las poderosas fuerzas del Mercado.

 
La visión diabólica de una super mega fuerza, que gobierne a todos los pueblos del mundo a través del dinero, las mercancías, el comercio y el consumo. Mundo en el que no existan culturas, lenguas, tradiciones, costumbres, religiones, monedas, autoridades, constituciones, instituciones, fronteras, banderas. Un mundo “perfecto” en el que se regule por las inexorables leyes del Mercado y en el que el ser humano esté excluido de la toma de decisiones y que el Becerro de Oro sea adorado en sus deslumbrantes templos, ahora llamados “mega centros comerciales” y grandes rascacielos de poder económico. Mundo en el que las diferencias se den por el poder adquisitivo y que los ciudadanos pasen a ser consumidores y el dinero la mercancía suprema del sistema.

 
Desde que los mercaderes, huyendo de las leyes ancestrales que los limitaban en el acceso al poder en el Oriente Medio, llegaron a la península europea invitados por el rey franco Pepino el Breve y continuaron con su hijo Carlomagno, quien quería crear el primer gran imperio en Europa, después de la caída del Imperio Romano a través de que en su familia hubiera una “sangre real”, que legalizara “ante Dios” su mandato en la tierra por medio de “los descendientes de David” (dadivianos)(4).

 
Los mercaderes han desarrollado una vieja estrategia para apoderarse del mundo. Primero lo hacen a través de la conquista económica e ideológica de los pueblos europeos guerreros (los bárbaros del Norte) y después, con ellos y su poder económico (judeo-anglosajón)(5), ir conquistando y sometiendo a todos los pueblos del mundo entero. Desde el reino franco hasta Irak(6).

 
Por miles de años, desde que el ser humano tuvo conciencia de “Ser”, buscó satisfacer sus necesidades materiales para posteriormente darle significado a su vida, para encontrar la trascendencia en la satisfacción de sus más elevadas necesidades de carácter espiritual. La conciencia de “Ser” transforma al mundo en un espacio sagrado. La divinidad humana deviene de la revelación de este misterio. Lo “humano” es el espacio de encuentro entre lo tangible del mundo material y lo intangible del mundo espiritual. Los testimonios históricos y arqueológicos de las seis civilizaciones con origen autónomo nos confirman unánimemente que en el vértice superior del desarrollo humano de cada uno de estos pueblos estaba en la “liberación del Espíritu de la materia”.

Los pueblos de Mesopotamia, Egipto, Anáhuac, China, India y el Tawantinsuyu vivieron durante milenios enteros construyendo sus diferentes culturas y civilizaciones a partir de la visión suprema de la liberación del Espíritu de la materia. De diversas formas y por diversos caminos se dirigieron al mismo punto. Sus “filosofías” y sus religiones, con diversas variantes buscaban el mismo camino de realización y plenitud individual y colectiva. Todas tuvieron una dirigencia sustentada en la virtud humana a través de desarrollar, por medio de la educación de la NOBLEZA HUMANA. Entendida, no como un linaje sanguíneo o la decisión hereditaria de un personaje, sino por el logro de una alta conciencia, una elevada responsabilidad y un conocimiento del desarrollo del potencial espiritual del individuo y la sociedad.

 
La condición humana es la imperfección. Por tal, nada es perfecto en la vida humana, pues perdería su esencia. La búsqueda de la VIRTUD es un camino, no una meta. Las seis civilizaciones ancestrales transitaron estos caminos con sus “altibajos” y jamás ninguna ha llegado a la “perfección”, pero la búsqueda y la lucha cotidiana de esa perfección o “virtud”, es lo que le da sentido a su existencia, de manera individual y colectiva. Este es el gran secreto y lo más elevado de la sabiduría humana, tomando en cuenta que “lo verdadero” y trascendente de la “realidad”, ni se ve ni se toca y que lo material e inmediato es tan solo “un espejismo”.

 
Pues bien, todos los pueblos antiguos del mundo, todos, han buscado por diferentes caminos el mismo destino. Sin embargo, la cultura creada por los mercaderes en Europa, que es la más reciente del mundo y que, simbólicamente desde 1492 ha iniciado “el descubrimiento, conquista y explotación” del mundo y que ahora posee, no solo el poder económico, financiero, comercial, tecnológico, militar e ideológico, sino fundamentalmente el cultural del planeta. En efecto, desde Wall Street, pasando por el Pentágono, las cadenas noticiosas y la producción de la multimedia “internacional” y conectadas electrónicamente con las bolsas de valores de Nueva York, Londres y Tokio, los mercaderes a través de su visión del mundo y la vida, -que es financiera, materialista y consumista-, han logrado imponer su cultura y “su verdad histórica”.

 
En efecto, los mercaderes han hecho creer que el “el mundo y la relación de los seres humanos y la naturaleza” han sido siempre iguales, como lo es hoy en día (explotación-depredación-consumo). Es decir, individualista, materialista y hedonista. La nueva religión en el mundo es la del culto al Becerro de Oro y sus sacerdotes son “los hombres de empresa” y el “fuego divino” es el dinero. Nos han hecho pensar a través de la multimedia que la religión, la espiritualidad, la ancestral tradición es producto de “la ignorancia” y el estado primitivo. El individualismo, la competencia y el poder económico son el camino de “la virtud moderna”. El dinero y el consumo “literalmente a cualquier precio”, así como la “desregulación” no solo de las leyes que protegen el bien común sobre el interés privado, sino fundamentalmente la “liberalización” de todas las reglas sociales (morales y éticas) que permiten tener una sociedad “sin límites”, son la culminación de una sociedad en la que la “libertad” (personal y de las corporaciones) es la esencia y fundamento de su existencia.

Los seres humanos de todo el planeta durante milenios vivieron en trono a valores que no tenían nada que ver con el consumo de bienes, el atesoramiento y el individualismo. Es apenas hace 234 años, con la creación de Estados Unidos y su visión del mundo y la vida, que los seres humanos estamos viviendo en un creciente “hipermaterialismo hedonista”, que aniquila al ser humano, la familia, la comunidad y al mismo planeta.

 
La creencia de que el ser humano vive para comprar y poseer, y que consumir es la experiencia más elevada de la existencia humana, es la base ideológica de los mercaderes y del Mercado. Nos han hecho creer que los seres humanos, desde el origen de los tiempos siempre fueron movidos por estos valores y que su vida personal y colectiva estuvo siempre sustentada en el mundo material exclusivamente. Que la codicia, la avaricia, el atesoramiento, la usura, el deseo de poseer y consumir es lo que ha movido a todos las personas en la “historia de la Humanidad”. Pero justamente es al revés, la humanidad ha vivido por milenios bajo la búsqueda de la trascendencia espiritual de la existencia material en sus múltiples niveles y en sus polifacéticas expresiones culturales. El comunitarismo, la solidaridad y la fraternidad han estado siempre presentes en la vida de los individuos, las familias y las comunidades. La naturaleza humana es biófila, aunque se encuentra sujeta a las poderosas fuerzas gravitacionales que corrompen a la materia. La muerte, en todo caso, ha sido para todos la experiencia más importante de la vida.

 
La idea del consumo ha envenenado el corazón de los seres humanos “modernos”. El creer que la vida es el espacio para poseer y comprar como fin supremo de la existencia. Que el “mundo material inmediato” es lo única realidad y que “el aquí y el ahora” es lo verdadero y lo que cuenta. Que no existe nada más allá de la limitada percepción material del “mundo”(7). Que el ser humano pasó de las cavernas al esclavismo, feudalismo, la monarquía, y que el capitalismo es la expresión más avanzada de la organización social. Los mercaderes ha través de “su historia oficial de la evolución del mundo”, han “universalizado” la historia oficial de Europa y la han extendido y hecho “verdad” para todos los pueblos del mundo. Han descrito a las milenarias y sabias formas de organización social de las seis civilizaciones Madre y demás pueblos del mundo como inhumanas, frívolas y abusivas, poniendo al Mercado y la “democracia partidista”, como la expresión más avanzada y “libertaria” de organización humana. Cuando ha sido totalmente al contrario. Nunca la humanidad ha vivido una dictadura imperial tan opresora, injusta y global como el capitalismo. La democracia partidista entendida como el gobierno de los dueños del dinero a través de los políticos para que a nombre de los pueblos sirvan a sus mezquinos intereses que siempre han atentado en contra del bien común, la humanidad y la naturaleza.

 
Los mercaderes por medio de la ciencia, tecnología y el capital le han amputado al ser humano el derecho al trabajo y lo han obsesionado en el consumo. Durante milenios enteros en todo el planeta, el ser humano podía a través de su inteligencia, habilidades y experiencia, podía encontrar el medio para satisfacer sus limitadas necesidades materiales. Su vinculación con la naturaleza en general fue respetuosa. Se tomaba de la naturaleza lo que se necesitaba y ésta podía recuperarse. Con la Revolución industrial (mitad del S. XVIII) la maquina empezó a desplazar la mano de obra y para nuestros días el obrero no requiere experiencia, aptitudes e inteligencia. Se han convertido en insignificantes y prescindibles apoyos de las maquinas y la producción en serie. El trabajador del S. XXI no tiene trabajo y en cambio tiene muchas cosas inútiles que comprar con “abonos chquitos”.

 
Pues bien, el objetivo de esta reflexión es analizar el concepto del “AUTOCONSUMO”, como una milenaria expresión de actitud ante el mundo y la vida, plena de sabiduría humana y dejar el limitado sentido económico-material que hoy se le da en el lenguaje de la ciencia económica. El autoconsumo es una ancestral expresión de vida, una interpretación y sentido, no solo del mundo sino fundamentalmente de la razón de la propia existencia humana. Partiendo de que “el ser humano no nació solo para consumir, sino que consume para vivir”. Y que la vida y el mundo material son solo un medio, y no un fin de la existencia. El autoconsumo esta sustentado en la sabiduría, la sobriedad, la austeridad y sobre todo, en la inteligencia. Vivir con lo esencial de carácter material para dedicar la mayor parte de la energía y del tiempo (individual y colectivo) en buscar y trabajar la trascendencia espiritual de la existencia.

 
El autoconsumo plantea que lo que se tiene o se puede producir es lo que se debe consumir. Lo que no se tiene y no existe no se consume. Que lo que existe o puede uno hacerlo existir, sin un exceso desmedido de gasto de energía y tiempo, es lo que se necesita. Salirse de esta línea es perder energía y tiempo para “forzar al mundo” a ser como a uno le ha enseñado la publicidad y los mercaderes que debe ser. Llamamos “el mundo” a lo que es material y por lo tanto “aparente”(8). En efecto, los verdadero y vital no se toca ni se ve, sólo se siente.

 
La filosofía del autoconsumo se sustenta en la inteligencia ancestral de carácter universal del ser humano. La frugalidad, la austeridad, la sencillez y la humildad son los valores y principios que sostienen la cultura del autoconsumo. Es entonces la inteligencia y la sabiduría lo que permite que los individuos y los pueblos logren normar sus tradiciones, usos y costumbres bajo estos preceptos de vida.

 
De manera contraria, los individuos y los pueblos ignorantes e incivilizados se caracterizan por fundamentar su vida en el orden material, en el consumo, la comodidad, la competencia, la violencia y la inmediatez. Esta clase de individuos y de pueblos, al no tener el sustento espiritual y un meta objetivo trascendente, encuentran en el consumo “su realización”, que finalmente los condena a la desolación y la desintegración.

 
Diferenciar “lo aparente de lo real” en el mundo y la vida, es el gran desafío de los seres humanos concientes. Las fuerzas de “la oscuridad” encarcelan al ser humano en el limitado espacio de la materia y la inmediatez. “Las sociedades modernas” fomentan y auspician, directa o indirectamente la enajenación y la ignorancia de sus pueblos. Atacan las antiguas religiones y alientan la creación de nuevas y estrambóticas sectas que fraccionan y enfrentan a la sociedad, creando individuos fanáticos, insensibles e individualistas.

 
La filosofía del autoconsumo sigue siendo una valiosa herramienta para enfrentar el mundo y la vida, aún en nuestros tiempos y en sociedades consumistas y urbanas. Esta filosofía le da fuerza y temple a nuestro “propósito abstracto de vida”. Nos invita a convertir este drama humano en un desafío y los desafíos no puedes ser buenos o malos grandes o pequeños, son simplemente desafíos.

 
En pleno siglo XXI y en medio de una gran metrópoli pude un ser humano conciente, implementar en la vida cotidiana la filosofía del autoconsumo. No se trata de ir a sembrar un huerto familiar en un camellón de una avenida o en masetas de la pequeña terraza del departamento. Se debe y se tiene que ser más creativo y desafiante.

Se trata en cambio de asumir conciente e inteligentemente el desafío de vivir en una sociedad que esta “prefabricada” para que la gente no piense, no sienta, no decida. El punto es enfrentar con valor y temple a la multimedia que cotidianamente envenena el corazón y embrutece la mente. Decirle NO a la radio y a la televisión comercial y tener el poder personal de ser selectivo e inflexible. De tener la fuerza interna para no ser “atrapado” por la publicidad, los aparadores, los centros comerciales y las amistades superficiales.

 
Saber qué es lo que no se quiere. Qué es lo que no es necesario y qué es lo indispensable. Ser mezquinos y avaros con nuestro tiempo y nuestra energía. No desperdiciarla con personas y objetos, superfluas e innecesarios. Enfocarse en “lo verdadero” y hacer a un lado lo aparente del “mundo material”. Invertir y esforzarse lo necesario para obtener lo básico indispensable y poder dedicarle el mayor tiempo posible y la mayor energía a las “cosas verdaderas” del mundo y la vida. Es creer en uno mismo, en lo más profundo y verdadero, en lo esencial.

 
Tener una filosofía de autoconsumo es auto definir las propias prioridades del mundo y la vida. Es buscar “el centro” y encontrar “el equilibrio” en lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos. Diferenciar “lo verdadero de lo aparente”, lo inmediato de lo trascendente”. Se tarta de vivir con inteligencia y sabiduría, con austeridad y sobriedad. Alejándose del “ruido del Mercado y el vocerío de los mercaderes”. Es aprender a dialogar con “el enemigo interior”. Es definir un proyecto de vida propio y tomar lo más indispensable del mundo material para construir una vida sólida y verdadera. Reconocerse a sí mismo en el espejo humeante de Tezcatlipoca. Esculpirse en la Batalla Florida un “rostro propio y un corazón verdadero”.

 
NOTAS.

1) Antes de la creación de E.U. no existían en el mundo países, solo reinos, imperios, federaciones, sultanatos, etc., pero no países como hoy los concebimos.

2) La Revolución Francesa fue alentada y financiada por la burguesía que quería derrocar a la monarquía para asumir el control político, económico, social y cultural, no solo de Francia, sino de Europa. Durante el siglo XIX las guerras entre “republicanos y monárquicos” cundió en el continente europeo y desencadenó las “independencias” de las colonias españolas en América.

3) La estrategia de los mercaderes es fragmentar y dividir a la sociedad. Es más fácil dominar a individuos aislados y doblegar los intereses del bien común, representado en grupos que ha su vez siempre están divididos y enfrenados entre sí. Por eso el concepto de PARTIDO POLÍTICO, justamente “parte y divide” a la sociedad frente a los intereses de los mercaderes y del Mercado.

4) “En el siglo V, el imperio romano se ha derrumbado bajo el empuje de los pueblos bárbaros. Uno de los efímeros reinos que surgen entre los restos de Roma se decan (cortado en el original) rico y el título de duque de Toulouse, se le casó con Auda Martel, hermana de Pipino el Breve. Quedaba así instaurado un estado judío libre en el sur de Francia, en la Provenza, que incluía las posesiones del reino franco en España. Un hijo de este heredero de David, carolingio a su vez por parte materna, fue enviado como embajador a Bagdad para reclamar cierto grado de soberanía sobre Jerusalén para el futuro emperador Carlomagno. Y en efecto, un patriarca, Zacarías, fue el portador de tal reconocimiento, llevando hasta el lejano reino franco una llave y un estandarte de la ciudad sagrada. Los reyes francos podían decirse ahora herederos de los monarcas de Jerusalén y erigirse, por tanto, en jefes de la Cristiandad. (Revista Año Cero. Francisco Javier Arries, Jose A. Campaña.)

5) La dinastía carolingia procuró unirse a la sangre del rey David de Judá y de Israel (971 a.C.) para legitimarse. Parece ser que lo consiguió mediante Makhir David (730-793), exilarca de Bagdad (Babilonia), cabeza y heredero de la Casa Real de David, que fue llamado a Francia por Pepín III, rey de los Francos, y le concedió el nombre de Teodorico I y los títulos de Duque de Toulouse, Conde de Narbona y Nasi (Príncipe judío) de Francia. Lo casó con Auda Martel, hija de Carlos Martel, hermana de Pepín III el Breve y tía de Carlomagno. Esta estirpe la recoge a través, entre otras, del conde Vifredo el Pilós. (Real Academia e Instituto de Estudios Occitanos/Sitio Oficial. http://sites.google.com/site/ realacademiaeinstituto/investigaciones)

 
6) Parientes de Cristo. Recientemente, el historiador Joaquín Javaloys ha ido más lejos, realizando un exhaustivo estudio para demostrar que las principales casas reales europeas están emparentadas con Makhir, y por tanto descienden del linaje davidiano.
A los carolingios les siguieron los Capeto, también emparentados con éstos y en quienes convergen tres ramas davídico-carolingias: los Capeto y sus continuadores, los Valois, son pues herederos directos de los carolingios, y por tanto de David. Pero también sus descendientes, que entroncan con las casas reales de Borgoña, Braganza, Austria, Borbón, Saboya, los Otones, Sasse-Wessex, Anjou-Plantagenet, Ivrea-Spoleto y Suabia-Hohenstaufen. Puede afirmarse que la sangre del rey David ha corrido por todas las casas reales que han gobernado Europa, y que lo sigue haciendo hoy.
Sin embargo, del linaje de Makhir surgió una rama de davidianos de religión israelita que sostuvo una guerra fratricida con la rama cristiana davidiana carolingia. El resultado fue que la rama judía ortodoxa fue exterminada. De hecho, el importante principado de Septimania ha sido relegado al olvido.
No hay que olvidar que en este fructífero, culto y tolerante reino del sur de Francia florecieron herejías como la cátara y surgieron gran cantidad de sociedades iniciáticas y cabalisticas. La cruzada contra los cátaros fue probablemente el golpe final asestado por generaciones de conspiradores interesados en hacer desaparecer del mapa todo vestigio de su ilustre pasado. Después, un extraño velo de silencio se ha generado en torno a la sangre davídica enraizada en el sur de Francia, convirtiéndola en un misterio que parece la base de las leyendas del Santo Grial (término que en lengua occitana se asemeja a Sangre Real).
La existencia de Makhir-Teodorico como jerarca de la casa de David es una evidencia histórica perpetuada en la monarquía española. Esta estirpe llegó a los reinos hispanos de la Reconquista. Alfonso II el Casto emparentó con ella al casarse con una nieta de Makhir-Teodorico. Y procesos similares de emparentamiento tuvieron los reyes de Navarra, de León, de Portugal, de Aragón y de Mallorca. También Fernán González, el primer conde independiente de Castilla, se unió a la Casa davídica por su matrimonio con Sancha de Navarra. Con los reyes católicos el mítico linaje judío encuentra unos monarcas españoles que ya responden al arquetipo de monarcas universales, con vocación de liderar, por derecho divino y herencia, a toda la Cristiandad; un proyecto que adquiere todavía mayor fuerza con las figuras de Carlos 1, el Emperador, y Felipe II. Juan G. Atienza subraya el hecho de que Felipe II tenía, entre sus múltiples títulos, el de "rey de Jerusalén", y que se identificaba a sí mismo y a su padre con los dos fundadores de este linaje. La analogía está expresada en la entrada de El Escorial, donde ambos monarcas bíblicos son representados en la misma posición en la que se encuentran las tumbas de los dos reyes españoles. (Revista Año Cero. Francisco Javier Arries, Jose A. Campaña. http://www.artrev.8k.com/0000000055.htm)

7) En esencia, “el mundo” es solamente un conglomerado de cargas energéticas que la razón, a través de la percepción, lo codifica como objetos sólidos. Pero la “materia” esta constituida de protones, electrones y núcleos que se encuentran en permanente y eterno movimiento.

8) Todo ser humano tiene la capacidad de percibir que lo único que puede trascender a la muerte, sí es que algo lo puede hacer, es indiscutiblemente lo más intangible que anida en el terreno del Espíritu. Las civilizaciones antiguas y sus religiones y “filosofías” casualmente en este punto se ponen totalmente de acuerdo. Es por ello que todas señalan que el mundo material es una “apariencia”, que lo “verdadero” del ser humano es lo que trasciende.



domingo, 3 de octubre de 2010

EMPLEO, EDUCACIÓN, JUSTICIA Y PAZ.



      Los seres humanos en el mundo demandan lo mismo que en Washington, donde decenas de miles de personas reclaman “empleo, educación, justicia y paz”. Los dueños del dinero, “los mercaderes”, han sumido a la humanidad en una nueva EDAD MEDIA, en donde la violencia, la ignorancia, la pobreza se extiende por todo el mundo como una pandemia.



Nunca antes, las fuerzas oscuras y perversas han tenido el poder global. El sueño de Hitler se ha convertido en una amarga y dolorosa pesadilla para miles de millones de habitantes de este planeta. No se exagera.



Lo que hace apenas cien años era algo inseparable de cualquier hombre, -el tener trabajo para darle de comer a su familia-, fuera en el campo o en la ciudad, hoy es un privilegio de muy pocos, porque los dueños del dinero, “los mercaderes”, se han apropiado de todo el dinero y la tecnología la usan para desplazar al trabajador, quitándole toda posibilidad de que posea su “propio conocimiento” para darle “plusvalía” a su mano de obra. Hoy los obreros y los empleados, gracias a la perversidad y a la tecnología, no necesitan saber nada de nada, son totalmente reemplazables, no vale nada su fuerza de trabajo y su inteligencia. Hoy los seres humanos, comenzando por los de los países “ricos”, piden trabajo bien remunerado y con prestaciones. No hay trabajo porque las maquinas han substituido al ser humano en beneficio de los mercaderes.



Todos los gobiernos del mundo son enemigos de la Educación. Porque un pueblo educado no permite tener a la clase de gobernantes que hoy tiene el planeta. Serviles títeres de los mercaderes. Gobiernan en nombre del pueblo a favor de los intereses económicos y políticos de los consorcios trasnacionales que se están adueñando del planeta. Los mercaderes han logrado transformar la Ecuación en una limitada “instrucción” para que los más astutos y abusivos se encaramen en la cadena de explotación. La “educación de los mercaderes” se ha convertido en un negocio para embrutecer y mantener en la ignorancia y la insensibilidad a las nuevas generaciones. La formación de valores, principios, actitudes y nobleza humana han sido erradicado de los nuevos “modelos educativos”. Vivimos una época oscurantista por la falta de Educación para el pueblo. Los medios ahora son los educadores de la sociedad y su objetivo es envilecerla, enajenarla y mantenerla sometida con las cadenas de la ignorancia.



La justicia ha sido erradicada de las sociedades modernas. La justicia es hecha por los mercaderes y sirve a sus intereses. Los grandes robos, desfalcos y traiciones al pueblo los hacen los sicarios de los mercaderes de manera “legal”. Por ello ahora la “legalidad es inmoral”. Desde invadir a un país para quitarle su petróleo hasta acabar con un mercado interno para favorecer a una trasnacional o cabildear para que las empresas trasnacionales sigan envenenando a la niñez con comida chatarra vendida en las escuelas, todo se hace de manera “legal”. La cárcel, que no justicia, es solo para los pobres de todos los países del mundo. La justicia se ha vuelto, en manos de los mercaderes un lucrativo negocio “legal”. El interés individual y de la “iniciativa privada” lesiona el bien común. La ley y la justicia están a favor de la “iniciativa privada trasnacional”. Vivimos un mundo sin verdadera justicia hundidos en la lacerante simulación e hipocresía pública y privada.



La guerra ha sido el medio por el cual los mercaderes se han apoderado del mundo. La guerra, que es la acción más denigrante de la especie humana, y que ha sido en ocasiones un “medio” necesario para obtener justicia, respeto y autodeterminación, hoy los mercaderes la han convertido en un “fin” en sí misma. Es decir, la guerra se ha convertido cínicamente en un lucrativo negocio que va en vías de privatizarse totalmente. En efecto, la guerra y el comercio, así como el dinero y el consumo, han sido las principales herramientas de los mercaderes para someter al mundo. Sin dejar de mencionar a la “multimedia” y la red global financiera.



Y todo esto lo han hecho los mercaderes a través del engaño a los pueblos. Se nos ha hecho creer que el imperio del Mercado es el estado más elevado de una sociedad. Que las ancestrales y milenarias formas de gobierno y organización social son primitivas, “inhumanas, que mantienen al ser humano en la esclavitud y que limitan “el desarrollo personal”. Desde que invadieron Europa los mercaderes en la Edad Media y fundaron sus dos polos de poder –Londres y Venecia-, creando un red comercial y bancaria para preparar la invasión del planeta a partir de 1492, así como la fundación del primer país del mundo –Estados Unidos en 1776-, hasta llegar a la “primera revolución burguesa del mundo” en 1789 con la “Revolución Francesa” que no fue más que el primero de muchos “golpes de Estado” que han dado los mercaderes en el mundo. Los mercaderes han impuesto el oscuro Imperio del Mercado. La peor tiranía que jamás ha existido en la historia de la humanidad. Esta dictadura que es global y trasnacional y que posee la fuerza más grande de la historia en lo militar, económico, político, tecnológico y sobre todo, mediático, ha envenenado a la mayor parte de los habitantes del planeta que piensan que la democracia partidista, la libre empresa, el Mercado, el consumismo, el libertinaje sin límites, la modernidad, son los mayores avances humanos.



Los miles de millones de personas que no tienen trabajo, que tienen hambre, que no tienen acceso a la educación, a la salud, a la justicia y que viven –independientemente el país-, en un estado de guerra permanente. Sea de baja intensidad, fraticida, “contra el terrorismo”, “contra el narco”, contra los empleados, obreros, campesinos o indígenas insurrectos al sistema de los mercaderes. Todos ellos a nivel mundial están pidiendo lo mismo. Sea en Grecia, España, Estados Unidos o pequeños países pobres debido a la colonización, todos piden lo mismo: “empleo, educación, justicia y paz”.



Qué estamos ciego los habitantes de este planeta. Es que hemos perdido la inteligencia y el sentido común. Por qué no nos damos cuenta que todos tenemos en común al mismo enemigo.



viernes, 1 de enero de 2010

EL CONCEPTO DE MÉXICO Y MEXICANO EN LA COLONIZACIÓN DEL ANÁHUAC




Los invasores desde hace cinco siglos de ocupación, sustentan su Estado Colonial en la pérdida de la memoria histórica de los invadidos. Los hijos de los hijos de los Viejos Abuelos del Anáhuac, han tenido que enfrentar la explotación y el abuso sin la capacidad de saber, quién en verdad son, de dónde vienen y a dónde van. Han vivido en un círculo perverso de ignorancia de sí mismos, en una amnesia total y por ende, en una indefensión total. Tratando de ser lo que no son y despreciando lo que esencialmente los hace ser. Han terminado como colonizadores de sí mismos, aspirando emular a sus verdugos en vez de combatirlos. Explotándose, depredándose, violentándose y despojándose a sí mismos. Han vivido en estos cinco siglos en una sociedad de “vencedores y vencidos”.


A pesar de ser una de las seis civilizaciones más antiguas y con origen autónomo de la humanidad, no conocen su milenaria historia, no saben quienes son y cómo se llaman. Se han formado como “extranjeros incultos en su propia tierra”. Han vivido como sumisos esclavos y peones de los invasores y sus descendientes culturales. Explotados en la encomienda, luego en la hacienda y hoy, como empleados con el salario mínimo. Trabajando para hacer ricos a los extranjeros y vivir en la miseria más lastimosa de generación en generación.


Esta civilización le llamó por milenios a este continente Cem Anáhuac y aún los historiadores criollos como Francisco Javier Calvijero en el Siglo XVIII recogen en sus escritos el nombre de “Anáhuac” para nombrar los territorios originales. Todavía en 1813, José María Morelos y Pavón convoca en la ciudad de Chilpancingo un congreso al que le llamó, “Congreso del Anáhuac”, donde los sublevados del Virreinato de la Nueva España definirían cuál sería el derrotero de la sublevación y en el cual Morelos, daría a conocer “Los Sentimientos de la Nación”. Sí estas tierras milenariamente fueron “El Anáhuac”, por qué ahora se llaman “México”.


Fue la lucha de 1810 un estallido social provocado por las fuerzas económicas y políticas del Virreinato de la Nueva España, no la lucha de los pueblos originarios para poner fin a la invasión y explotación extranjera. Los pueblos originarios fueron usados para definir las posiciones de poder entre los gachupines y los criollos. Miguel Hidalgo y sus conspiradores, al saberse descubiertos llamaron a un estallidos social de los indígenas en contra de los gachupines. Trescientos años de injusticia y explotación acumulados, solo necesitaron el llamado de “un cura”, para iniciar el estallido. No era la primera vez que los pueblos originarios se revelaban en contra de la ocupación europea, desde 1531 se dio la primera gran rebelión indígena y la historia oficial calla el rosario de rebeliones en el periodo colonial, lo cierto es que ninguna en tres siglos, fue convocada, organizada y financiada por los criollos. Esa fue la diferencia.


Después de 11 años de una cruenta y devastadora guerra civil, los criollos vencen a los gachupines, más por factores externos que internos definieron esta supuesta “independencia”. Y en 1821 los criollos crean “su propio país” al que “ellos” llaman México. En esta nueva realidad social, nuevamente quedan excluidos los pueblos originales y su milenaria civilización y con ello el nombre ancestral del Anáhuac.


Después de la expulsión de los gachupines, los criollos vencedores se dividen en dos grupos, opuestos y antagónicos, que lucharán por dos concepciones “de país” totalmente diferentes una de otra. Sí unos son liberales los otros serán conservadores, si unos son federalistas, los otros serán centralistas, sí unos son republicanos los otros serán monárquicos. Esta lucha llega hasta el Siglo XXI, en dónde sí unos son priístas, los otros serán panistas. El país de los criollos desde hace dos siglos esta dividido y enfrentado, en lo único que se unen y se ponen de acuerdo los criollos, es en la exclusión y explotación de los pueblos originarios y sus, al parecer, inacabables recursos naturales. La ideología criolla les ha negado totalmente a los pueblos y culturas originarias el derecho a ser y auto determinarse en estos dos siglos de “vida independiente”.


Los criollos al termino del estallido social, crean “su país”, como los que a principio del Siglo XIX se estaban formando por iniciativa de los mercaderes en el continente europeo. En efecto, el “Nuevo Orden Mundial” se inicia con la creación de Estados Unidos de Norteamérica en 1776, y prosigue la estrategia con el financiamiento del golpe de Estado a la monarquía francesa en 1789, al que la “historia oficial de occidente” llama con eufemismo la “Revolución Francesa”. Pero que implica. No solo el derrocamiento de los gobiernos constituidos, primero en Europa y luego en todos los pueblos del mundo. Sino además una nueva visión de organización humana, en la que el individualismo, la propiedad privada, las sociedades anónimas, el comercio y el consumo, serán la razón de ser de pueblos y gobiernos. La “modernidad” implica la ascensión del capitalismo y el “culto al Becerro de Oro” a través de la democracia.


Los mercaderes han pretendido derrocar las milenarias formas de gobierno de los pueblos, que fueron creadas a través de sus tradiciones, costumbres e historia, para imponer “la democracia” y con ella el capitalismo, el dominio del Mercado sobre el Estado, el sistema de partidos políticos, el consumismo y un largo etcétera. Nada nuevo desde 1789 en Francia hasta 2010 en Irak.


Los criollos, europeos nacidos en México, iniciaron la “construcción de su país”. Los criollos se creían los poseedores de la esencia de la identidad local. Por supuesto, desplazando y desconociendo totalmente a los pueblos y culturas originarias. Los criollos tomaron simbólicamente a “los mexicas” como su más antiguo origen. Esta tendencia se vio surgir desde mediados del Siglo XVIII, cuando el criollismo buscó sustentar su “autenticidad” en una mitológica cultura mexica, muy parecida en su descripción a la romana de los europeos. Así, los mexicas del Siglo XVI, descritos por los conquistadores y misioneros como “salvajes y caníbales”, pasaron a ser, los cultos y poderosos mexicas “dominadores de todo el Anáhuac” para los criollos del Siglo XVIII.


Los criollos en su rebeldía querían crear un origen “autóctono”, para confrontarlo con lo ibérico. Por eso transformaron a los mexicas, y en su discurso los convirtieron en “un poderoso imperio”, al que sus antepasados habían conquistado. Esta es la razón por la que le ponen “México” y no Anáhuac” a su nuevo país.


Como en los escritos del Siglo XVI se hablaba de la gran ciudad de México-Tenochtitlán, los criollos decidieron que ese nombre debería llevar su nuevo y flamante país. Por supuesto que no se consultó a los pueblos originarios, ni a sus tlamatinimes que habían sobrevivido al holocausto, el acto de la creación de México, como la mayoría de los actos de esta “Patria” en los doscientos años de su pequeña existencia, han ignorado y excluido totalmente a la Matria, la civilización Madre que tiene ocho milenios de existencia.


De esta manera, el país de los criollos llamado México, se constituye de manera vertical y autoritaria, por un “puñado de personas”, que permanentemente ignora, desvalora y desconoce la civilización que constituye la esencia de la mayor parte de los ciudadanos de “su país”, y que no ha desaparecido, como ellos suponen desde el 13 de agosto de 1521. Los criollos siempre han buscando modelos y capitales foráneos para modernizar, desarrollar y globalizar a “su país”. Pero nuca, en estos dos siglos, han buscado respuestas en la civilización del Anáhuac, que logró el mayor avance de desarrollo humano del mundo. Esta actitud mezquina, miope y racista de los criollos, históricamente ha impedido una verdadera mezcla y fusión de las dos civilizaciones y ha condenado a los criollos al permanente subdesarrollo y a los pueblos originarios a la exclusión, explotación y miseria.


El llamarle México al Anáhuac, por una parte nos habla del desprecio y negación de los criollos por la civiliza invadida. Pero por la otra, nos demuestra la absoluta amnesia y sometimiento de los sobrevivientes al holocausto. Su total colonización mental e intelectual. Lo que explica la dramática y miserable situación que viven históricamente los descendientes culturales de los antiguos anahuacas.


De esta suerte, “los mexicanos” son los colonizados y desmemoriados. Aquellos que, en el mejor de los casos, poseen una frágil “Identidad Nacional”, pero que no poseen una sólida “Identidad Cultural”. La “Patria” es la de los mexicanos que “celebraran su independencia” el 15 de septiembre. La “Matria” es de los anahuacas poseedores de una sabiduría milenaria para sobrevivir y crear una asombrosa cultura de resistencia. Los mexicanos son “patrioteros”, los anahuacas son “tradicionalistas”. Unos están esperanzados al “gobierno y los partidos políticos”, los otros están aferrados a las tradiciones y costumbres ancestrales que están sabiamente camuflajedas en las llamadas “culturas populares”.


Los anahuacas son los nahuas, mayas, zapotecas, mixtecas, totonacas, purépechas, mazahuas, etc. Descendientes de las culturas originarias. Mestizos totalmente, pues ya no existen los “pueblos originarios” del periodo Clásico o del Postclásicos. Los pueblos originarios se han transformado, como todos los pueblos originarios del mundo. Pero mantienen en su esencia, la visión del mundo y la vida, los valores y principios ancestrales de la Toltecáyotl. Quizás tienen problemas para concebirse como “mexicanos” y muchos de ellos sienten muy lejana a la Patria. Porque a lo largo de estos dos siglos, la Patria los ha excluido, traicionado y engañado. Saben, por su propia experiencia histórica, que la Patria siempre ha estado al servicio del explotador, del ladrón y del asesino. Muy pocas veces, la Patria les ha hecho justicia y les ha garantizado sus derechos históricos, comunitarios y humanos.


Los mestizos desculturizados, intuitivamente se refugian en la Matria. La Virgen de Guadalupe, El día de Muertos, las fiestas patronales, los valores familiares, “flor y canto” y fundamentalmente, la milenaria cultura culinaria los mantiene unidos inconscientemente a su esencia ancestral.


Lo que hoy es el país llamado México, es un proyecto criollo, excluyente y explotador. México es el ejemplo de la injustica, abuso, racismo y explotación. Los criollos nunca han sabido crear riqueza y menos a compartirla, pese a contar con un pueblo trabajador y recursos naturales casi ilimitados. Su sueño desde 1821 es que los capitales extranjeros exploten al pueblo y depreden los recursos naturales a cambio de que a los hagan “socios” y les den unas cuantas migajas para vivir cómodamente sin ningún esfuerzo de sus rentas.


Sus gobiernos han sido de pacotilla, viviendo de “sueños imperiales”, la alta burocracia ha sido corrupta, cínica e ineficiente. Se dan vida de emperadores y las arcas nacionales han estado al servicio de sus caprichos y banalidades. No ha existido un proyecto endógeno de desarrollo, todos los modelos económicos, políticos y culturales han sido importados, primero de Europa y hoy de Estados Unidos. La justicia social ha sido solo demagogia en los tiempos electorales.


La iniciativa privada criolla es totalmente explotadora y depredadora. Nunca han tenido una responsabilidad social e histórica con el pueblo y con el país. Apoyada por el “Estado criollo”, siempre se ha mostrada despiadada e insensible con los trabajadores. Condenándolos, en el campo o en la ciudad a condiciones de miseria. La iniciativa privada criolla jamás se ha caracterizado por invertir en investigación, en inversiones a largo plazo y menos aún en arriesgar sus capitales. Incompetente e ineficiente, vivió protegida por el gobierno, ofreciendo productos y servicios de poca calidad y muy caros, razón por la cual no pudo competir con un mercado internacional, en la globalización impuesta, la economía criolla ha colapsado.


Podemos entonces concluir que existen dos proyectos de nación. Uno que tiene el poder político y económico, y que es la continuación de la invasión y colonización iniciada en 1521 por extranjeros avecindados y sus descendientes culturales. Que crearon “su país” en 1821 y que le llamaron arbitrariamente “México” y que han creado en los dos últimos siglos una ideología de explotación y depredación totalmente irresponsable que esta conduciendo a una crisis y estallidos social, que no tiene futuro, justamente por su desbordante e insaciable rapiña e injusticia social.


El otro proyecto civilizatorio del Anáhuac, emanado de una de las seis civilizaciones más antiguas de la humanidad y con origen autónomo. Proyecto que logró los avances más importantes en cuanto a Desarrollo Humano en la historia de la humanidad. Que fundamentó a lo largo de siete milenios y medio, sus logros en: el impulso de la ciencia y la investigación; en basar la vida en sociedad a través de la educación pública, obligatoria y gratuita; en una sociedad pacifista y anti bélica; en una sociedad que impulsó la austeridad y la frugalidad ante el mundo material, por lo cual no inventó la moneda; en una sociedad en la que sustento sus relaciones sociales en el comunitarismo, por lo cual no existió la propiedad privada. Y finalmente, porque desarrollo un propósito social abstracto, de carácter espiritual, que tuvo una continuidad asombrosa, por lo menos a lo largo de tres mil años.


El proyecto criollo se basa en la Patria, el proyecto ancestral se basa en la Matria. Uno es exógeno y el otro endógeno. Uno es político-económico, el otro es histórico y cultural. Uno posee 200 años de experiencia importada del exterior, el otro posee siete mil quinientos años de desarrollo endógeno y quinientos años de una sofisticada cultura de resistencia. Uno esta sustentado en leyes e instituciones impuestas, el otro esta sustentado en las tradiciones y instituciones milenarias “propias”. A uno se le acabó el tiempo, el otro posee el futuro. Uno se llama México y el otro se llama Anáhuac.

jueves, 3 de diciembre de 2009

EL DUOPOLIO TELEVISIVO…“un peligro para México”.


El poder sobre las masas radica en el control de sus mentes. La fuerza y la represión, son “correctivos extraordinarios”. En la historia de la humanidad, el control de los pueblos ha estado en manos de las iglesias. “El poder de Dios siempre ha sido más grande que el del Cesar”.


En México desde el tiempo colonial la iglesia mantenía el control de los pueblos indígenas, que representaba la gran masa. En el siglo XIX, después de la Independencia, la Iglesia Católica emprendió una ardua lucha, no solo por mantener sus canonjías económicas y políticas coloniales, sino quiso apoderarse de gran parte del poder, ahora en manos de los criollos metidos en la construcción de "su país".


Su alianza con los criollos conservadores derivó en una lucha frontal en contra de los criollos liberales. En el siglo XIX, al pueblo se le controlaba desde el pulpito y el confesionario. A través del sermón y la confesión, la iglesia tenía el pulso y el control social, podía llegar hasta la intimidad de los ciudadanos.


Benito Juárez y las Leyes de Reforma pusieron fin a esta situación de abuso. Se separó el poder civil del religioso y se delimitó el poder a la iglesia. Esto motivó "la Guerra de Reforma”, en la que al perder la lucha política los conservadores, la llevaron al plano militar. Nuevamente vencen los liberales y los conservadores apoyados por la iglesia piden apoyo a Francia y se produce la invasión francesa.


La historia se repite, ahora el “verdadero poder” lo tiene la televisión que llega a lo más profundo de la psique del mexicano. La televisión controla al país, lo des-informa, lo embrutece, lo maleduca, lo enajena y lo vulgariza. El poder de la televisión en México es totalmente desmedido y desproporcionado. El gobierno, los políticos, las iglesias, le rinden pleitesía y mansamente se sujetan a sus malignos intereses.


El duopolio se encuentra desbordado y no hay nadie quien lo pare. Lo mismo es capaz de poner a un hombre en la presidencia, que crear una luminosa estrella de la noche a la mañana. Pude destruir toda una vida de trabajo y honradez, que hacer de un malandrín un icono social. Su poder es tal, que el hombre más rico del mundo (Slim) no le dejan tener su canal de televisión abierta.


Las televisoras no solo se han apoderado del mundo de la política, como pulpos se han extendido a otros negocios más lucrativos como el juego de asar, los bancos, el deporte profesional, los impresos, tiendas de electrodomésticos, palenques y ferias, etc., etc. Su voracidad no tiene límite.


El punto es el “extraordinario poder” que tienen las televisoras para poner a un pueblo y su gobierno a los pies de sus mezquinos intereses. El mayor daño que le hacen al pueblo y a la nación, no es en el plano político, dado que la política es un chiquero de todos conocido. De modo que sea quien sea, gane quien gane…el pueblo siempre pierde.


El gran daño es el embrutecimiento, la pérdida de la conciencia y la identidad cultural, los valores tradicionales, la ignorancia en la que hunden diariamente al pueblo. Son las televisoras las que imponen “sus valores y sus principios”. Mantienen a través de su programación, una campaña permanente de vulgarización, bajeza, perversión y estupidez a los niños, jóvenes y adultos. Cada edad tiene “sus programas” y la gente ahora “piensa, habla, siente y actúa”, como en las telenovelas, los noticieros y los programas de “diversión”. Quien EDUCA en México es la televisión, la SEP, en el mejor de los casos trata ineficientemente de “instruir” a un pueblo embrutecido e ignorante.


El duopolio televisivo es “un peligro para México”. Su poder crece en la medida que los políticos no tienen credibilidad y representatividad. El vacío de poder, por la ausencia del Estado de Derecho le da, día a día, más poder al duopolio. Por esta razón la televisión se encarga todos los días de destruir, desacreditar y degradar a las pocas personas y las instituciones que se oponen a este gran peligro. La mayoría: políticos, empresarios, iglesias y sociedad civil organizada…sumisamente se cobijan bajo su patética y nefasta sombra protectora.





sábado, 14 de noviembre de 2009

LA VIDA MODERNA… desolación y vacío.


Gracias a “la modernidad”, que nos es más que: “el libre mercado, las sociedades anónimas, las corporaciones trasnacionales, la tecnología, la publicidad, al consumismo, el individualismo, a la cultura desechable y chatarra”, somos una sociedad vacía y desolada.

 
Sin los valores humanos perennes, todo se vuelve una “mercancía”. Todo es rentable, negociable y vendible. Las personas y familias ya no tienen un “proyecto de vida” sustentado en la virtud, la bondad, la justicia. Actitudes milenarias que tuvieron todos los pueblos del mundo hasta “la Revolución Industrial” y la expansión del pensamiento judeo-anglosajón por medio de cañones y bayonetas por todo el planeta.

 
El mundo se empezó a “modernizar” con la creación del proyecto estratégico de dominación llamado Estado Unidos de Norteamérica. Con este proyecto nació (en la practica) el concepto de “país”, democracia, partidos políticos, iniciativa privada, derechos individuales, productos desechables, chatarra y consumismo, “mundo libre de tradiciones y costumbres”. La nueva forma de organización social se sustenta en el supuesto que la trascendencia y felicidad de seres humanos y sociedad, radica en la producción y consumo, en acumular la riqueza por la riqueza misma. Que la vida humana y la organización social encuentran su “realización plena” en el mundo material, la riqueza y el consumo. La “Libertad” como imperativo para que el dinero, el comercio, la banca y el sistema financiero actúen impunemente contra todo lo milenariamente establecido hasta llegar al libertinaje financiero, pasando por encima de los seres humanos, las familias, los pueblos, las naciones y el planeta mismo.

Los pueblos, antes imperios, reinos, federaciones, sultanatos, gracias a la modernidad se convirtieron en “países democráticos”, en donde el Mercado de las pautas y los lineamientos para encontrar “el progreso y el bienestar”. El dinero, el comercio, la mega producción y el consumo de todo, se ha convertido en el objetivo de los países, las empresas, las familias y las personas.

 
Todo se ha mercantilizado, todo: La agricultura, desde los monocultivos industrializados hasta el acaparamiento en un mercado global. La alimentación, desde la siembra y producción hasta el procesamiento y comercialización. La salud, desde la producción de los medicamentos hasta los servicios clínicos y hospitalarios. La educación, desde la construcción de edificios, producción de libros y material escolar, la alimentación que se da en las escuelas, hasta su privatización. La organización social a través de: los partidos políticos, las cámaras de comercio, las cámaras de la industria. El deporte, desde el amateur hasta el profesional, El esparcimiento y el entretenimiento. El arte. Las iglesias. Los servicios públicos. Todo es un medio para hacer dinero. El objetivo ya no es solucionar una necesidad a través de un producto o servicio, sino hacer negocio por el negocio, aunque sea creando nuevas necesidades superfluas.

 
La Modernidad no es más que la destrucción de las milenarias formas de vivir de los pueblos, cimentadas en proyectos de carácter espiritual y con una visión humanista del mundo y la vida. Civilizaciones como la egipcia, mesopotámica, china o anahuaca, duraron decenas de siglos y en algunos casos milenios en su “ruta de desarrollo humano” trabajando y exaltando los valores perennes. La Modernidad, no lleva ni tres siglos y esta llevando a la destrucción planetaria a todas las formas de vida, comenzando con la humana.
La Modernidad representa la depredación del planeta, la explotación y embrutecimiento de los seres humanos…todo, por hacer dinero para un puñado de personas y corporaciones que han hecho del planeta y de los pueblos del mundo, su campo de experimentación. La Modernidad se basa en la injusticia y en la irracionalidad, en donde un puñado de seres humanos posee casi toda la riqueza planetaria y una gran mayoría de seres humanos sobreviven en la miseria. En donde una quinta parte de los habitantes del planeta viven en la opulencia y el despilfarro, y cuatro quintas partes carecen de lo mínimo necesario. Y paradójicamente esa quinta parte de humanos, viven “individualizados” en la desolación y en el vacío.

Los seres humanos estamos solos y desprotegidos. La Modernidad representada por “Los Mercaderes”, se ha apropiado de los gobiernos de los países poderosos y en general, de todos los gobiernos del mundo. La Modernidad y los Mercaderes a través del dinero y sus poderosas presiones, hace que los gobiernos y los políticos hagan lo que conviene a sus intereses. El interés privado esta por encisma del interés público y el bien común de la humanidad.

 
De esta manera, los seres humanos atrapados en la Modernidad, luchan por sobre vivir en un ambiente hostil y agresivo. Ya no tienen en sus manos la posibilidad de trabajar, por ellos mismos, para lograr el sustento. Los Mercaderes y la Modernidad, les han quitado el trabajo y ahora ellos son los únicos que pueden, gracias a sus capitales y tecnologías, crear las “fuentes de empleo”.

 
Los Mercaderes y la Modernidad a través de la tecnología no han suplantado la mano de obra, solo la han hecho prescindible. Le han expropiado al trabajador los conocimientos y lo han convertido en una máquina humana, barata y reemplazable. Es más que ostensible que, para los mercaderes y el Mercado, el generar pobreza es un buen negocio.

 
Los Mercaderes y la Modernidad han hecho de los seres humanos, zombis sin pensamientos, sentimientos, ideales, creencias y convicciones. La vida del ser humano y su familia “moderna” es por tanto, vacía y desolada. No tiene la fortaleza de una visión sagrada del mundo y de la divinidad de la vida. No existe para ellos una conciencia superior, una realidad ulterior. Solo tienen el “aquí y el ahora”. Entendiendo por esto: el desempleo, la miseria, la desolación y el vacío: en síntesis, la frustración.

 
Por el contrario. El ser humano: “tradicional y primitivo”, tiene todo…porque no tiene nada. Posee la fuerza del Espíritu y la certeza milenaria de que la trascendencia de la vida material se encuentra en el plano del desarrollo espiritual.

 
Los pueblos primitivos que viven en el Espíritu, nada les pueden quitar. Saben que nada del mundo material les pertenece y que nada se pueden llevar, que la vida es muy corta y que no se pueden aferrar a nada. Absolutamente a nada material. Por el contrario, las sociedades “Modernas” viven atrapadas en el mundo material y de ahí deviene su miseria y con ello se entiende la desolación y el vacío en el que viven.












LA VIDA MODERNA… desolación y vacío.



Gracias a “la modernidad”, que nos es más que: “el libre mercado, las sociedades anónimas, las corporaciones trasnacionales, la tecnología, la publicidad, al consumismo, el individualismo, a la cultura desechable y chatarra”, somos una sociedad vacía y desolada.

Sin los valores humanos perennes, todo se vuelve una “mercancía”. Todo es rentable, negociable y vendible. Las personas y familias ya no tienen un “proyecto de vida” sustentado en la virtud, la bondad, la justicia. Actitudes milenarias que tuvieron todos los pueblos del mundo hasta “la Revolución Industrial” y la expansión del pensamiento judeo-anglosajón por medio de cañones y bayonetas por todo el planeta.

El mundo se empezó a “modernizar” con la creación del proyecto estratégico de dominación llamado Estado Unidos de Norteamérica. Con este proyecto nació (en la practica) el concepto de “país”, democracia, partidos políticos, iniciativa privada, derechos individuales, productos desechables, chatarra y consumismo, “mundo libre de tradiciones y costumbres”. La nueva forma de organización social se sustenta en el supuesto que la trascendencia y felicidad de seres humanos y sociedad, radica en la producción y consumo, en acumular la riqueza por la riqueza misma. Que la vida humana y la organización social encuentran su “realización plena” en el mundo material, la riqueza y el consumo. La “Libertad” como imperativo para que el dinero, el comercio, la banca y el sistema financiero actúen impunemente contra todo lo milenariamente establecido hasta llegar al libertinaje financiero, pasando por encima de los seres humanos, las familias, los pueblos, las naciones y el planeta mismo.


Los pueblos, antes imperios, reinos, federaciones, sultanatos, gracias a la modernidad se convirtieron en “países democráticos”, en donde el Mercado de las pautas y los lineamientos para encontrar “el progreso y el bienestar”. El dinero, el comercio, la mega producción y el consumo de todo, se ha convertido en el objetivo de los países, las empresas, las familias y las personas.


Todo se ha mercantilizado, todo: La agricultura, desde los monocultivos industrializados hasta el acaparamiento en un mercado global. La alimentación, desde la siembra y producción hasta el procesamiento y comercialización. La salud, desde la producción de los medicamentos hasta los servicios clínicos y hospitalarios. La educación, desde la construcción de edificios, producción de libros y material escolar, la alimentación que se da en las escuelas, hasta su privatización. La organización social a través de: los partidos políticos, las cámaras de comercio, las cámaras de la industria. El deporte, desde el amateur hasta el profesional, El esparcimiento y el entretenimiento. El arte. Las iglesias. Los servicios públicos. Todo es un medio para hacer dinero. El objetivo ya no es solucionar una necesidad a través de un producto o servicio, sino hacer negocio por el negocio, aunque sea creando nuevas necesidades superfluas.


La Modernidad no es más que la destrucción de las milenarias formas de vivir de los pueblos, cimentadas en proyectos de carácter espiritual y con una visión humanista del mundo y la vida. Civilizaciones como la egipcia, mesopotámica, china o anahuaca, duraron decenas de siglos y en algunos casos milenios en su “ruta de desarrollo humano” trabajando y exaltando los valores perennes. La Modernidad, no lleva ni tres siglos y esta llevando a la destrucción planetaria a todas las formas de vida, comenzando con la humana.

La Modernidad representa la depredación del planeta, la explotación y embrutecimiento de los seres humanos…todo, por hacer dinero para un puñado de personas y corporaciones que han hecho del planeta y de los pueblos del mundo, su campo de experimentación. La Modernidad se basa en la injusticia y en la irracionalidad, en donde un puñado de seres humanos posee casi toda la riqueza planetaria y una gran mayoría de seres humanos sobreviven en la miseria. En donde una quinta parte de los habitantes del planeta viven en la opulencia y el despilfarro, y cuatro quintas partes carecen de lo mínimo necesario. Y paradójicamente esa quinta parte de humanos, viven “individualizados” en la desolación y en el vacío.


Los seres humanos estamos solos y desprotegidos. La Modernidad representada por “Los Mercaderes”, se ha apropiado de los gobiernos de los países poderosos y en general, de todos los gobiernos del mundo. La Modernidad y los Mercaderes a través del dinero y sus poderosas presiones, hace que los gobiernos y los políticos hagan lo que conviene a sus intereses. El interés privado esta por encisma del interés público y el bien común de la humanidad.


De esta manera, los seres humanos atrapados en la Modernidad, luchan por sobre vivir en un ambiente hostil y agresivo. Ya no tienen en sus manos la posibilidad de trabajar, por ellos mismos, para lograr el sustento. Los Mercaderes y la Modernidad, les han quitado el trabajo y ahora ellos son los únicos que pueden, gracias a sus capitales y tecnologías, crear las “fuentes de empleo”.


Los Mercaderes y la Modernidad a través de la tecnología no han suplantado la mano de obra, solo la han hecho prescindible. Le han expropiado al trabajador los conocimientos y lo han convertido en una máquina humana, barata y reemplazable. Es más que ostensible que, para los mercaderes y el Mercado, el generar pobreza es un buen negocio.


Los Mercaderes y la Modernidad han hecho de los seres humanos, zombis sin pensamientos, sentimientos, ideales, creencias y convicciones. La vida del ser humano y su familia “moderna” es por tanto, vacía y desolada. No tiene la fortaleza de una visión sagrada del mundo y de la divinidad de la vida. No existe para ellos una conciencia superior, una realidad ulterior. Solo tienen el “aquí y el ahora”. Entendiendo por esto: el desempleo, la miseria, la desolación y el vacío: en síntesis, la frustración.


Por el contrario. El ser humano: “tradicional y primitivo”, tiene todo…porque no tiene nada. Posee la fuerza del Espíritu y la certeza milenaria de que la trascendencia de la vida material se encuentra en el plano del desarrollo espiritual.


Los pueblos primitivos que viven en el Espíritu, nada les pueden quitar. Saben que nada del mundo material les pertenece y que nada se pueden llevar, que la vida es muy corta y que no se pueden aferrar a nada. Absolutamente a nada material. Por el contrario, las sociedades “Modernas” viven atrapadas en el mundo material y de ahí deviene su miseria y con ello se entiende la desolación y el vacío en el que viven.



sábado, 17 de octubre de 2009

LA DICTADURA DEL CULTO AL BECERRO DE ORO


El “ser humano” actual, apenas tiene 40 mil años en el planeta. De ellos, los primeros 30 mil, se la pasaron en calidad de nómadas-recolectores-cazadores. Fue hasta hace 10 mil años que al inventar la agricultura se hizo sedentario e inició los procesos de civilización a través del desarrollo de las potencialidades humanas.

Las civilizaciones “Madre” crearon a través del tiempo, eficientes métodos y sistemas para resolver los problemas materiales de la “sobre vivencia”, para inmediatamente pasar a resolver el desafío de “la trascendencia” de la existencia en el plano espiritual.

De esta manera se pasó del cultivo intensivo de las plantas a través de métodos de irrigación, domesticación y cría de animales, pasando por sistemas constructivos, transformación de productos vegetales, animales y minerales para resolver necesidades de vestido, iluminación, preservación de alimentos y semillas y un largo etcétera. Hasta llegar a darle significados muy complejos, abstractos y profundos a la existencia. Lo sagrado y lo divino del mundo y la vida encontraron, en todas las civilizaciones “Madre” el punto más elevado y luminoso de la pirámide de desarrollo humano.

Metafóricamente el ser humano, en su evolución, ha venido luchando contra la oscuridad, entendida como la ignorancia, contra la inercia de la materia que arrastra al ser humano a los abismos de la estupidez humana. Justamente esta es la “condición humana”, la incapacidad, la ignorancia, la degradación. Tomar conciencia de estas limitaciones y actuar en consecuencia para superarlas, es lo que le da sentido la existencia. Porque sí los seres humanos fuéramos “perfectos”, seríamos “ángeles y la tierra sería el paraíso”.

De modo que “esta condición” de nuestra “naturaleza imperfecta”, ha estado presente desde el origen de los tiempos humanos. La parábola de “Caín y Abel” se mantiene en el tiempo y el espacio. Es un drama perenne y universal, que permite que el ser humano se “auto determine” a través de las decisiones que toma y los actos que ejecuta en su vida. A través de la conciencia y el desarrollo de su espiritualidad, se eleva y trasciende. O a través de su inconsciencia, embrutecimiento y enajenación, se precipita en los abismos de la degradación.

Trascender espiritualmente y elevarse, es lo más difícil y representa el desafío más importante de la vida. Simbólicamente la materia que contiene “el soplo divino de conciencia espiritual”, es arrastrada por las fuerzas gravitacionales que atrapan a la materia y la precipitan a “la nada”. En cambio, la degradación y enajenación es lo más “natural, cómodo y sencillo”. Sin ningún “esfuerzo”, solo abandonándose, “dejándose ir”, los actos y sentimientos sin la fuerza ascendente del Espíritu, degradan al ser humano hasta convertirlo en una bestia depredadora de sus congéneres y del medio ambiente.

De esta manera, simbólicamente podemos decir que los seres humanos desde el principio de los tiempos están expuestos al “culto al desarrollo del Espíritu”, o al “culto al Becerro de Oro”. Espíritu y materia como un par de opuestos complementarios que se transforman en un tercero, diferentes a los dos que lo formaron, es decir, -el ser humano-. Los sabios toltecas del Anáhuac resolvían este drama con el “camino del guerrero”, al encarnar al Quetzalcóatl en una personal e íntima Batalla Florida. Es decir, equilibrar en perfecta armonía –en la vida diaria- el quetzal (símbolo del Espíritu) y el cóatl, la serpiente como símbolo de la materia (Quetzal-cóatl).

Durante la mayor parte del tiempo histórico del la humanidad, las civilizaciones “Madre” inclinaron la balanza en la búsqueda de la trascendencia de la existencia. Muchos los caminos, variados los “maestros o avatares”, pero un solo destino: “liberar el Espíritu de la materia”.

Sin embargo, la parte oscura del rostro humano ha estado presente desde siempre. El culto a la materia y la irresponsabilidad existencial han prevalecido en las acciones humanos, desde los tiempos de las cavernas hasta nuestros días.

“La verdadera historia de la humanidad” nos enseña, que aquellas personas que se han inclinado por el lado oscuro y material del mundo, han mantenido un permanente esfuerzo por ganar “su batalla”. En otro ensayo titulado “El Mito de la Modernidad” he tratado este tema con detalle. La idea es que estas personas que se inclinan por el lado oscuro y la materia, simbólicamente les hemos llamado “los mercaderes” y a la obsesión por el atesoramiento le hemos llamado metafóricamente “el culto al Becerro de Oro”.

Pues bien, “los mercaderes” y su perverso culto por el “Becerro de Oro” fueron controlados y sujetos por los poderes de las antiguas civilizaciones. Para el caso de la nuestra, la anahuaca, los “pochetcas” de Tlatelólco, fueron “controlados” en sus excesos de poder por los mexicas de Tenochtitlán. El punto es que cuando una persona acumula desproporcionadamente más bienes que los demás, no puede tener ni ejercer poder o privilegios sobre los individuos y la comunidad. El comercio es por su naturaleza un acto inmoral y se convierte en “un mal necesario”, dado que implica un acto de abuso sobre el que produce y el que compra. El comercio desde tiempos inmemoriales y en todas las civilizaciones antiguas, era un acto de poco valor social, muy vigilado, perseguido y castigado por sus excesos.

El Estado tenía el control total del pueblo y su responsabilidad era buscar las condiciones apropiadas para su desarrollo material y fundamentalmente espiritual. Para comprender este punto, solo basta conocer las “grandes obras” de las civilizaciones “Madre”, y en general, todas estaban encaminadas a la parte espiritual. Los “mercaderes” y el Mercado –en los periodos de esplendor- no poseían un gran mérito social y estaban totalmente controlados, sin “libertad” y con las leyes opresoras de su libertad para mercar impunemente”.

Los “mercaderes” iniciaron una lucha por la “libertad” en contra del Estado y desarrollaron una estrategia para destruir las milenarias formas de gobierno y organización social, así como las antiguas religiones, las filosofías, las formas y elementos culturales de los pueblos. Cambiar el sentido original de la existencia y modificarlo para venerar libertinamente y sin restricciones el culto al Becerro de Oro, es decir, cambiar la “tradición” por la “modernidad”.

Todo comenzó en Europa en la Edad Media, se perfiló con la invasión de América. Siguió con la creación del “primer país” del mundo. En efecto, en 1776 se concretó finalmente el proyecto e inició la lucha del Mercado contra el Estado. Se buscó “La Libertad” individual para mercar ilimitadamente apoyados por la democracia, que es el sistema por el cual los dueños del dinero gobiernan a los pueblos a través de los políticos. Siguió Francia y después los reinos europeos, derrocando a las monarquías para imponer “las repúblicas democráticas del Becerro de Oro”. La “Modernidad” nació como un proyecto estratégico global en Estados Unidos, pasó a Europa y después se desbordó por todo el mundo. Desde la toma de la Bastilla hasta la invasión a Irak, todo ha sido una misma estrategia global, primero tuvo su centro en Londres y ahora en Wall Street.

Los “mercaderes”, su culto e ideología, han creado dogmas ideológicos para sustentar su visión y dominio del mundo. Dogmas como: La evolución humana es lineal. La modernidad y la democracia son las creaciones humanas más elevadas. La ciencia y la tecnología son las que determinan la verdad del mundo y la vida. La espiritualidad y la religión son cosas caducas, de ignorantes y retardatarios. Todo lo pasado es por fuerza “primitivo”. El “éxito humano” se mide por la capacidad de dominar, transformar y explotar a la Naturaleza. El vértice superior del desarrollo material es “la liberación de la energía de la materia”, es decir, la fusión nuclear. La razón de la vida se encuentra en la explotación de los seres humanos y la Naturaleza, para acumular riqueza y poder.

Toda esta locura nos ha llevado a vivir uno de los momentos más críticos, no solo de la especie humana en estos 40 mil años, sino del propio planeta, que teniendo aproximadamente 5 mil millones de vida, en los últimos 50 se esta viendo amenazado por nuestra equivocada forma de vida impuesta por los “mercaderes”.

En efecto, la especie humana esta viviendo un momento de crisis global, como tal vez solo fue afectada por las glaciaciones y fenómenos naturales de dimensión planetaria. Nunca como ahora existen tal cantidad de habitantes, y nunca como ahora existen tanta pobreza, hambre e injusticia.

Lo único que tiene el ser humano para enfrentar los retos de su existencia, tanto de índole material como espiritual, es la inteligencia y la capacidad de trabajar y la sensibilidad para trascender la existencia. Los “mercaderes”, el Mercado y el culto al Becerro de Oro, han logrado, no solo someter y reducir al Estado, dejándole la tarea de administrador y policía, sino que, fundamentalmente han logrado quitarle al ser humano la posibilidad de trabajar, y ha logrado, especialmente con los medios masivos de comunicación, enajenarlo y embrutecerlo para amputarle la primigenia y esencial necesidad de, a través de la sensibilidad e inteligencia, encontrar la oportunidad de trascender espiritualmente la existencia material.

En efecto, el ser humano de todo el mundo, antes del dominio totalitario de los “mercaderes” podía, gracias a su cultura e inteligencia: trabajar y con ello asegurar su subsistencia material. Y con su sensibilidad y creatividad, encontrar a través de la tradición y la religión ancestral, darle un significado a su vida, trascendiéndola en el plano espiritual.

Sin embargo, el ser humano “moderno”, que ha quedado indefenso en el mundo de los “mercaderes”, ahora se le ha expropiado la posibilidad de trabajar. Son los dueños del dinero y la tecnología los que ahora le ofrecen mezquinamente un puesto de trabajo. Ya no puede, por él mismo, y a través de su cultura y la naturaleza satisfacer las necesidades materiales de subsistencia de su familia. Ahora tiene que “buscar trabajo” y tocar mansa y humildemente la puerta de los “mercaderes”, para que como limosna, tenga la oportunidad de ganarse la vida con un trabajo mal pagado, sin garantías y prestaciones. Ahora son “los mercaderes” los que con sus capitales y tecnologías tienen el control del trabajo a través de crear, de acuerdo a sus intereses, las fuentes de empleo.

El “trabajador tradicional” era poseedor de un conocimiento y una maestría que generalmente había sido heredado por la comunidad y la familia. Él era dueño, creador y recreador de sus instrumentos y tecnologías de trabajo. La producción, reproducción y consumo, en general, era de tipo familiar. Fuera en el campo, la aldea o las pequeñas ciudades.

Fueron los “mercaderes” a través de la Revolución Industrial, quienes destruyeron el núcleo familiar de producción-reproducción y consumo. Secuestraron a los hombres y niños para llevarlos a las fábricas, minas y talleres, encadenándolos a la línea y la producción en serie. Los “mercaderes enajenaron el trabajo y convirtieron al “trabajador” en un esclavo salarial.

El “trabajador moderno” es un ignorante. Los “mercaderes” a través del desarrollo tecnológico han hecho que pierda el conocimiento de los procesos de producción. Es más un robot que un ser humano. La producción en línea lo hace prescindible e insignificante, porque siempre en la puerta de la fábrica hay 20 personas que piden su trabajo en donde no se necesita conocimiento y experiencia. La tecnología en manos de los “mercaderes” no ha desplazado al ser humano en la producción, solo lo ha hecho insignificante y ha reducido el costo de “la mano de obra”, que ya no requiere conocimientos específicos y experiencia. El trabajador ha sido desposeído de sus conocimientos y por ello se encuentra indefenso y sin “valor”.

Y en el aspecto espiritual ha sido totalmente enajenado y embrutecido. Lejos de los valores familiares y comunitarios. Empantanado en los “valores comerciales de los mercaderes”. Ausente en una práctica religiosa/espiritual. Atrapado en la dinámica del individualismo, la violencia y el consumismo, el ser humano “moderno” se aniquila a sí mismo en la desolación y en la anestesia existencial.

Ahora en vez de buscar la trascendencia busca el consumo. En vez de luchar por ser educado se entrega a ser vulgar y soez. La bajeza y la degradación han suplido la sana diversión y al entretenimiento. Todo se encuentra en la televisión y todo gira sobre el dinero. Desde la niñez, por medio de “la instrucción para el trabajo” en las escuelas y la educación en “valores comerciales” a través de la televisión, el poder del dinero formará los anhelos existenciales de consumo.

El ser humano moderno encuentra la trascendencia en los distractores-consumo que le impone la dictadura del culto al Becerro de Oro. El deporte comercial, la farándula artística comercial, la moda, el ocio en tecnología, el alcohol, las drogas. Los “mercaderes”, como ningún otro poder en la historia de la humanidad, han logrado el control del subconsciente de los seres humanos a través de los medios masivos de comunicación. Nunca antes, tantas personas de diferentes partes del mundo, pueden “ver-escuchar-recibir”, al mismo tiempo un mensaje directo o subliminal. Al destruir los valores ancestrales de la cultura popular, el ser humano queda indefenso y vulnerable a los ataques a sus valores, sus tradiciones y costumbres. Es decir, a la esencia de su ser y de su hacer.

El punto de esta reflexión es clarificar la condición que existe en la vida del ser humano “moderno”, atrapado en la dictadura de los “mercaderes”, así como el poder global que han adquirido sobre el Estado y la percepción del mundo y la vida.

El “ser humano moderno” ha perdido la capacidad de trabajar y satisfacer las necesidades familiares y personales de subsistencia material. Atrapado en las grandes ciudades, en el consumo, la ignorancia y el embrutecimiento. El trabajo, que es esencial al ser humano, ha sido apropiado por los “mercaderes”, quienes son los creadores de las fuentes de empleo a través de poseer los capitales y la tecnología.

La riqueza planetaria se ha concentrado en un puñado de familias y empresas, que actúan coordinadamente a través de “carteles” de explotación. Doblegando a los Estados y poniéndolos a su servicio, pasando encima de las leyes, los derechos y la vida de miles de millones de personas y decenas de países.

Todo esto lo han logrado a través de la destrucción de la sabiduría ancestral manifiesta en los diferentes modelos de organización, administración, producción, tradiciones, usos y costumbres, en síntesis, en la destrucción de la cultura de los pueblos, en las antiguas religiones. Erradicando a través de la ignorancia, enajenación y embrutecimiento, la primigenia y esencial necesidad humana de darle significado a la vida y encontrar su trascendencia en el plano espiritual.

El “ser humano moderno” esta atrapado en dos grandes felonías de los “mercaderes”: la imposibilidad de trabajar para satisfacer sus necesidades de subsistencia material, condenándolo a la miseria material. Y la imposibilidad de satisfacer su necesidad de trascender la vida en el plano espiritual, condenándolo a la miseria espiritual.

Ignorante y embrutecido subiste en los cinturones de miseria de un mundo caníbal urbano, luchando sin armas (la inteligencia y el conocimiento), por un puesto de trabajo. Vive en medio una “realidad” saturada de productos chatarra y de lujo, al cual él se aferra para darle sentido a su vida.

Enajenado y anestesiado el “ser humano moderno” busca trascender su vida a través del dinero, el consumo y el “poder del tener”. Y entre más tiene, más vacío y desolado se siente. Porque la frustración existencial en el “ser humano moderno” es igual entre pobres y ricos. El vacío esta llenado todos los espacios y “la nada esta acabando con todo”. Los “mercaderes” y el Mercado han impuesto brutalmente la dictadura del culto al Becerro de Oro.